Articulos de Isidoro Sánchez

LA RIQUEZA ECOLÓGICA DE LA OROTAVA

Foto de Isidoro Sánchez.- Ciruelos de Mamio

Foto de Isidoro Sánchez.- Ciruelos de Mamio

Pocas personas saben la importancia ecológica del municipio de La Orotava, ya que arranca desde el mar y termina en el Pico del Teide. Estamos hablando de un territorio con un desnivel de 3.717 metros, entre el nivel del océano Atlántico y  la cota más alta del territorio del archipiélago de Canarias, es decir del estado. Esta diferencia de altura supone la existencia de una gran diversidad, geo y biológica. Es una cuestión de biodiversidad que se deriva de la altitud del edificio volcánico y singular que  significa Tenerife, donde se sitúa el municipio orotavense.

Desde la época de la conquista de la isla de Tenerife por la corona de Castilla a finales del siglo XV, La Orotava y el valle en el que se incrusta fueron atractivos naturales para los conquistadores. De hecho los primeros asentamientos en la isla se ubicaron en La Laguna y en el fértil valle de Arautapala o Taoro donde abundaban las tierras y las aguas. Como antes lo habían hecho los aborígenes guanches en sus menceyatos.

Muchos visitantes se entusiasmaron desde entonces con el paisaje y la biodiversidad de La Orotava y su valle. Al igual que con sus recursos naturales. Tanto canarios como españoles y europeos, también gentes de América, como fue el caso de Dulce María Loynaz a mitad del siglo XX.

De Canarias conocemos la presencia de los tinerfeños Antonio de Viana, José Viera y Clavijo y Agustín de Betancourt, al igual que del empresario platanero grancanario Rafael González Díaz y el naturalista palmero Antonio Lugo Massieu, quienes encontraron en la que fuera la Villa por excelencia la tranquilidad suficiente para inspirarse espiritual y materialmente. De la península a personajes como Ricardo Ruiz de Aguilar para emprender la primera planta hidroeléctrica de la isla, y no hace muchos años Francisco Sánchez Martínez, fundador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) cuando conoció los cielos de Izaña en las cumbres de La Orotava.

De la Vieja  Europa, abigarrados viajeros y naturalistas como los alemanes Alejandro de Humboldt y Oscar Burchard, el belga Jules Leclerck, el suizo Germán Wildpret, el francés Jean Mascart y los británicos Piazzi Smyth y Graham Tholer, entre otros.  Cada uno tendría sus razones pero lo que no cabe duda es que todos eran conscientes de la importancia de la Villa de La Orotava y el papel que desempeñaba a nivel geoestratégico. Alejandro de Humboldt fue quien destacó y divulgó entre la comunidad científica internacional la diversidad ecológica de La Orotava, al describir los pisos de vegetación que encontró en su periplo a lo largo del valle, cuando subió desde el Puerto de Orotava hasta el Pico del Teide en junio de 1799. Sirvió para entender la importancia de la fisonomía de la plantas en función de la altitud y en consecuencia del suelo y del clima. Así surgieron los pisos de vegetación y la primera clase de fitogeografía, la geografía botánica de unas islas volcánicas y oceánicas atlánticas, de la que se interesaron locales y foráneos.

Curiosamente a lo largo de su historia La Orotava, de gran vocación agrícola,  ha conocido distintos reconocimientos en diferentes espacios físicos que se desarrollan a lo largo y ancho del término municipal y del valle. Abajo, junto al mar, la zona de El Rincón, una singular zona agraria donde abundan los plátanos y las viñas sobre playas volcánicas como Bollullos y El Ancón. En el corazón de la Villa, alrededor de los 300 metros, un casco urbano, donde abundan casonas, jardines y balcones, y está protegido por sus valores arquitectónicos que incluyen, además de la iglesia de la Concepción, Monumento Histórico Artístico, algunos inmuebles civiles y religiosos utilizados unas veces  como Centros Culturales y Museos,  y en otras como sedes de la Fundación Canaria Orotava de la Historia de la Ciencia y de la Universidad Europea de Canarias. También cuenta con unos molinos seculares que fueron declarados Bien de Interés Cultural y se denominan “El Acueducto de Los Molinos “, en la categoría de Sitio Arqueológico. Toda un área de interés histórico-artístico cuya probada riqueza arquitectónica y ambiental mereció ser incluida hace décadas  en el Inventario de Protección del Patrimonio Cultural Europeo (IPCE) como Conjunto Monumental de 2º orden bajo el nº TF 03.

En la zona de medianías, entre los 400 y 1.000 metros de altitud, donde se combinan las papas, las viñas y los frutales, sobresalen unas históricas infraestructuras hidráulicas y eléctricas que le hacen  a La Orotava merecedora de una consideración por cuanto fue el primer municipio de Tenerife y el segundo de Canarias que contó con una central hidroeléctrica. De hecho estuvo generando luz eléctrica durante ochenta años con energías renovables donde el agua nacida en los montes de Aguamansa era la fuerza motriz. Primero en 1894, con un proyecto privado en la central de Hacienda Perdida, y luego en 1935 con un servicio municipalizado del Ayuntamiento de La Orotava en la central de La Abejera que se mantuvo hasta 1974 , año que fue adquirida por Unelco.

En las alturas, entre los 1.000 y 2.000 metros, por encima del monteverde y el pinar integrados en la Corona Forestal de Tenerife, un espacio natural protegido como Parque Natural, La Orotava cuenta con otro territorio singular, mayoritariamente orotavense, que es Parque Nacional desde 1954 y está incluido en 2007 en la Lista de Bienes Naturales del Patrimonio Mundial por parte de la UNESCO.

Por todas estas razones La Orotava está de moda ecológica, desde el mar hasta el Teide, y las fiestas patronales de la Villa es una oportunidad para divulgarlo. Los santos agrícolas, Isidro y María de las Cabezas, de seguro se alegrarán al escuchar el canto de las isas y las folías en la Romería dominguera, y el Corpus Christi lo celebrará al pasar en silencio por las alfombras de flores y arenas volcánicas, en la octava religiosa.

Como bien señaló el profesor universitario catalán, Margaleff: “En la diversidad radica la riqueza.” Entiendo que es el caso de La Orotava.