Artículo de Isidoro Sánchez

LOS TAXISTAS TAMBIÉN LEEN

En los años 50 y 60 que fue cuando viví en la Villa, los taxistas de La Orotava eran famosos. Por sus coches y por su personalidad. Tanto los que tenían parada en San Agustín, junto a la escuela de doña Lucía,  como los de la plaza del Llano o de Franchy, frente al colegio de San Isidro donde los salesianos. Eran los taxistas de los ricos, como le gusta señalar al amigo Bruno  Álvarez, en sus crónicas de Efemérides.

Calle Calvario (La Orotava). Foto del blog Efemérides (Bruno J. Álvarez )

Calle Calvario (La Orotava). Foto del blog Efemérides (Bruno J. Álvarez )

Recuerdo en la parada del Llano a taxistas como Miguel Linares, Agrícola,  Sálamo, Miguel Toste, entre otros, con sus coches modélicos, brillantes. Casi todos ellos llevaban corbata para no quedar menos que los clientes, coburgos de entonces. De la parada de arriba, frente a la casa familiar,algunos taxistas como Isidro (a) el perrinche, Francisco Linares, Silvestre Suárez, Lorenzo Pérez, Pedro el de Lucía, entre otros,eran más de los clientes progres. Se especializaron como “piratas”y viajaban por turnos a la capital tinerfeña, con parada cerca de la plaza Weyler. Yo los utilicé en los veranos o en las vacaciones escolares ya que mi abuelo me enviaba a Santa Cruz para hacer los encargos. Al regreso eran famosas las paradas en la carretera vieja para echarnos unas perras de vinos en La Cuevita, aquellos que querían disfrutar de un aperitivo veraniego en Santa Úrsula.

Foto del blog Efemérides (Bruno J. Álvarez )

Foto del blog Efemérides (Bruno J. Álvarez )

Hoy día las cosas han cambiado, hay autopistas y muchos coches, privados y taxis. El nivel de vida  ha aumentado en La Orotava y se ha desarrollado en el casco y en el campo. Las paradas de los taxis se han incrementado pero siguen centralizadas: cerca de  la plaza del Calvario, delante del Tapias, frente a la iglesia parroquial y en el Mayorazgo. La de Alcampo no me vale por atípica. Lo curioso del caso es que hace poco tiempo, a principios de año, tuve que coger un taxi en El Mayorazgo orotavense para regresar a la casa después de preparar la edición del último libro con Sacha,tras las “Memorias del Agua en Taoro y Perú”. Me llamó la atención que el taxista que me tocó estuviese leyendo un libro y de muchas páginas. Me sorprendió gratamente, se lo comenté y se alegró. Era un joven de la zona rural de La Florida y me dio una lección cuando me contestó una serie de preguntas que le hice al respecto. En La Orotava los taxistas también leen, me respondió todo orgulloso. Cuando llegué a casa se lo conté a mi hija, que es profesora universitaria y reside en la Villa. Le encantó mi comentario y resaltamos la importancia de leer y el placer que da la lectura. Me sentí orgulloso de los taxistas de La Orotava. Y el taxista, sin corbata.