Artículo de Isidoro Sánchez

DEL DRAGO AL TEIDE. REINVENTANDO A HUMBOLDT

En la historia  española de la conservación de la naturaleza y su relación con el Convenio de la Unesco, fue el Parque Nacional (PN) de Garajonay, sito en la isla canaria de La Gomera, el pionero en ser incluido en la Lista de Bienes Naturales del Patrimonio Mundial. La laurisilva canaria fue el primero de los sistemas naturales españoles reconocido universalmente por la Unesco, ello sucedió en noviembre de 1986. Le siguió años más tarde el histórico PN de Doñana, en la costa de Andalucía, y luego el PN de Monte Perdido, en el Pirineo aragonés.  Hubo que esperar al 27 de junio de 2007 para saber del acuerdo del Comité del Patrimonio Mundial, reunido en el otro lado del mundo, Nueva Zelanda,  que reconoció el valor universal del singular complejo  volcán del Teide, en una isla oceánica, y su consecuente inscripción en la Lista correspondiente. Habían transcurrido cinco años desde que el Patronato del PN del Teide y la Comisión Mixta de Gestión de los PN de Canarias formulase en 2002 la correspondiente propuesta ante las administraciones de Canarias y del Estado, a principios del siglo XXI.

Alexander von Humboldt (1769-1859)

Alexander von Humboldt (1769-1859)

El descubrimiento cultural del polifacético mallorquín medieval, Ramón Llull,  me ha llevado a ponderar la relación Drago-Teide en el norte de la isla de Tenerife, como prueba de la reinvención del afamado naturalista prusiano Alejandro de Humboldt en 1799.

Me resultó interesante el contenido de la obra del mallorquín  El Árbol de la ciencia por la recurrencia a una analogía  que le caracterizó: la comparación orgánica en la que cada ciencia se representaba como un árbol, catorce principales y dos auxiliares, con raíces, troncos, ramas, hojas y frutos.  Las raíces venían a ser los principios básicos de cada ciencia; el tronco, la estructura; las ramas representaban a los géneros, las hojas a las especies, y los frutos, a los individuos, sus actos y sus finalidades. Esta referencia a Llull me llevó, por otra parte, a considerar acertada la manifestación del profesor Wildpret cuando definió La Orotava como un Museo de la Naturaleza.  Me bastó con repasar los pisos de vegetación que describiera Humboldt en su periplo por Canarias, al subir valle arriba desde el Puerto de Orotava al Teide. Desde el mar Atlántico al cielo de la isla. Por eso me resultó fácil evocar los dragos y las palmeras en el piso basal, los castaños y madroños, fayas y brezos, laureles y viñátigos, pinos y escobones, en el montano, antes de alcanzar el piso de vegetación de la alta montaña donde las retamas y tajinastes, en la meseta central de Tenerife que sostiene al Teide y al Pico Viejo. De ahí la cosmovisión del Drago al Pico Teide a la hora de reinventar a Humboldt.

Del Drago al Pico. Foto/Isidoro Sánchez G.

Del Drago al Pico. Foto/Isidoro Sánchez G.