Artículo de Isidoro Sánchez

HUMBOLDT Y CUBA

El joven naturalista prusiano Alejandro de Humboldt salió del puerto de Santa Cruz de Tenerife el 25 de junio de 1799, rumbo a La Habana, a bordo de la corbeta española El Pizarro  pero problemas derivados de la alta política euroamericana le obligaron a desviarse a tierras de Venezuela donde permaneció año y medio, observando e investigando su naturaleza, especialmente Cumaná y el rio Orinoco, hasta retomar su viaje a la isla grande de las Antillas. Arribó a la capital de Cuba el 19 de diciembre de 1800, donde estableció su cuartel general y le permitió conocer la sociedad habanera , en la que pudo observar la diferencia social entre los dueños criollos de la sacaroracia y los esclavos trabajadores. Realizó observaciones de todo tipo y contactó con la RSEAP de Cuba. Visita Güines y sus campos de caña cuando viaja a Batabanó en los primeros días de marzo de 1801, al sur de la isla caribeña. De Batabanó siguió por mar hasta Trinidad donde pernoctó y toma rumbo a Cartagena de Indias, en Nueva Granada, la futura Colombia de Bolívar. Años más tarde, en 1804, a su regreso de México y camino de los EE.UU. de América para visitar al presidente Jefferson, Humboldt volvió a acercarse a La Habana para completar sus observaciones y sus informes, que lustros más tarde plasmó en un excelente “Ensayo político sobre la Isla de Cuba”, ya de vuelta a Europa.En el espacio cultural de San Agustín de La Orotava, la Asociación Cultural Humboldt  (ACH) de Canarias, que preside Javier Lima Estévez, tuvo lugar el martes 5 de abril la inauguración de la exposición LA RUTA DE HUMBOLDT EN CUBA, comisariada por Manuel Méndez Guerreo, coordinador general de proyectos de la Asociación Exterior XXI y nuevo miembro de la ACH. Explicó de manera amena la ruta del ilustre prusiano en tierras de Cuba que fue seguida por un abigarrado y selecto colectivo de ciudadanos interesados en la vida y obra de Alejandro de Humboldt en América.    También formó parte del acto la presentación de los fondos bibliográficos sobre Humboldt que pertenecen al ingeniero de montes, Isidoro Sánchez, vicepresidente de la citada ACH, y que serán cedidos al Ayuntamiento de la Villa. Conté la historia de mi afición por Humboldt desde los años de 1960 cuando se editó el libro de Alejandro Cioranescu, HUMBOLDT EN TENERIFE, así como el arranque de la construcción del Mirador de Humboldt en la Cuesta de la Villa, por debajo de la Cueva de Bencomo, en el límite con Santa Úrsula. Recordé los primeros años de estudio en la escuela de ingenieros de montes en Madrid cuando el profesor Ceballos, al darse cuenta de mi origen canario, me preguntó si había oído hablar de Humboldt y de los pisos de vegetación del valle de La Orotava, camino del Teide

De Cuba y los cubanos conté anécdotas relacionadas con mis vivencias a partir de 1985, al inicio de un largo viaje desde Tenerife a La Habana. Conocí a un personaje Eusebio Leal, el Historiador de La Habana, quien ya había visitado Tenerife y La Orotava, en particular, para conocer los balcones y la fachada barroca de la iglesia de la Concepción donde figuran dos esferas basálticas, de Cuba y Canarias. A Eusebio Leal fui a saludarle hace unos meses pero no pude encontrarlo. Le dejé un libro de la ACH y continuamos nuestros contactos on line para tratar nuevos asuntos sobre Humboldt. Ahora me alegro que el gobierno de España le haya concedido la medalla de Isabel la Católica, como antaño a Dulce María Loynaz, por su curriculum cultural cubano-español. ¡Felicidades maestro!.