Artículo de Isidoro Sánchez

LOS 248 DE HUMBOLDT

Daba gusto contemplar el castillo de San Felipe del Puerto de la Cruz, en Tenerife, la tarde del jueves 14 de septiembre, fecha del 248 aniversario del natalicio de Alejandro von Humboldt en 1769, quien con treinta años en 1799 se embarcó en La Coruña, con A. Bonpland, para viajar a las regiones equinocciales de las Américas después de  visitar Canarias, La Graciosa primero y Tenerife después.

            La sala estaba abarrotada de gente ávida de escuchar el concierto del pianista cubano Othoniel Rodríguez después de disfrutar con el colectivo de pinturas DE LA GRACIOSA AL TEIDE,  suma de tres artistas canarios: Nicolás Laiz, Imeldo Bello y Pepe Dámaso. Se notaba en sus obras, la imaginación y la creatividad a la hora de reflejar la identidad del paisaje canario, el Teide y los dragos en los dos veteranos, Imeldo y Pepe, mientras que los animales y minerales caracterizaban la chinija vanguardia pictórica de Laiz, con el turismo de fondo. Se palpaba un ambiente de felicidad cultural en la abigarrada audiencia donde primaban las mujeres sobre los hombres y con una curiosa representación de visitantes foráneos. Observé algunos amigos alemanes, suecos, italianos, venezolanos, profesores universitarios, de Bolonia y La Laguna, compañeros de tareas conservacionistas y artistas isleños. En verdad que el castillo portuense rezumaba cultura. Se notaba que Othoniel tiene sus fans y que Humboldt atrae e inspira a muchos admiradores. De ello se encargó de contarlo Javier Lima, presidente de la ACH, y de explicarlo Salvador García al comentar con sorpresa la conectividad entre la isla chinija y el majestuoso Teide; un periplo artístico de la pintura: desde La Graciosa, de manos del joven lanzaroteño Nicolás Laiz, al combinado Teide-Drago, del polifacético y fecundo portuense Imeldo Bello, sin descuidar las “Cuatro Estaciones” que el veterano pintor de Agaete, Pepe Dámaso, le dedicó al admirado naturalista prusiano Alejandro de Humboldt. A la chita callando Imeldo le ofreció un Teide circular a su amigo y maestro Pepe Dámaso, por el cariño común a César Manrique

            De la cubanía del amigo pianista me encargué de contarla personalmente a través del contacto que Humboldt tuvo con Cuba y que Othoniel recordó recientemente en un artículo en DA. Sus ganas de hablar nos llevó a comentar las relaciones de Canarias y Cuba a través de Humboldt. Salieron a relucir personajes como Sabino Berthelot y Pedro Auber; espacios como el Jardín Botánico de La Habana, la calle Humboldt en El Vedado de la capital cubana, el emblemático Parque Nacional  Humboldt, Patrimonio Mundial como el Teide, y la visita de Humboldt al pueblo natal de Othoniel, San Antonio de los Baños, la villa del humor y del rio Ariguanabo. Creo que la cita que hizo don José de la Luz y Caballero acerca de Humbodlt, calificándolo como “El segundo descubridor de Cuba”, fue acertada.

La edil Sandra Rodríguez, responsable del área de cultura del Ayuntamiento portuense, fue la encargada de clausurar las intervenciones haciendo una llamada a la potenciación de la cultura como base del turismo y evocando el papel de cuatro personajes que le acompañaban, Salvador e Isidoro, Imeldo y Othoniel, en relación a la política y a Humboldt.