Artículo de Isidoro Sánchez

HUMBOLDT EN ASIA

A la vuelta de su viaje a las Américas (1799-1804), Alejandro de Humboldt compartió sus actividades culturales, técnicas y científicas por diferentes países de Europa, Francia y Prusia,  principalmente. Estaba interesado en conocer el continente asiático y apostó por visitar la India pero las autoridades británicas se lo impidieron para evitar el control colonial por parte de Humboldt. Tuvo que esperar a un encargo profesional del zar Nicolás I en 1829  para conocer algunos países asiáticos como Rusia, Mongolia y China. Era una oferta del gobierno ruso para viajar al corazón de Asia Central. Recorrió unos 8 mil kilómetros en los nueves meses que duró su periplo asiático que le brindó una fuente inagotable de conocimientos y le permitió comparar el mundo asiático con el mundo americano y le sirvió para prefigurar la perspectiva del desarrollo del Puente Terrestre Euroasiático.

Trazado del recorrido de Humboldt por Asia. Foto Instituto Schiller ( Timothy Rush )

Trazado del recorrido de Humboldt por Asia. Foto Instituto Schiller ( Timothy Rush )

El nuevo periplo comenzó el 12 de abril cuando Humboldt es recibido en San Petersburgo por la corte imperial rusa tras haber visitado algunos países bálticos. Hay que tener en cuenta que Humboldt era miembro de honor de la Academia de Ciencias de San Petersburgo desde 1818. Iba acompañado del mineralogista alemán Gustav Rose, el zoólogo Christian Gottfried Ehrenberg y su criado Seifert.

            Recorrieron un itinerario que les llevó a Moscú, Nizny Novgorod, Kazam, Perm y los montes Urales donde encontró diamantes y oro para el zar. Luego siguieron a Mongolia, pasando por Tobolsk, Barnaui, los montes Altai, hasta asomarse a la frontera china y al parecer, el único aventurero que pudo pasar al territorio chino fue Humboldt. La expedición regresó por Omsk, Quirguiz y Kazaj para llegar a Astracan, en las orillas del mar caspio. Hizo observaciones en el lago Elton, que se encontraba cubierto de sal, y visitaron también las colonias alemanas del Volga.  Llegaron a Moscú el 3 de noviembre del año 1829 tras un extraño viaje que posteriormente dio a conocer en su obra ASIA CENTRAL editado en 1843. Recorrieron inmensas estepas como si hubieran navegado por un interminable océano terrestre.

            Como bien indicó Philippe Babo, autor del estudio HUMBOLDT Y EL ASIA CENTRAL, quizás el viaje asiático no fue tan fructífero como el americano pero dio a Humboldt la posibilidad de establecer mejor las comparaciones entre el Nuevo y el Viejo Mundo, y sobre todo demostrar su idea de unidad de la naturaleza. Babo insistió en la bondad del método comparado, la llamada geografía comparada o geognosia, caracterizada por el estudio de la influencia de la geografía física sobre las sociedades humanas y las interacciones de los fenómenos naturales. Una disciplina de la que considera a Humboldt como el fundador  junto con su amigo Karl Ritter, así como el precursor de Ernest Haeckel en ecología.

            Tal como lo comentaron los especialistas humboldtianos Miguel Ángel Puig Samper y Sandra Rebok, el profesor Babo llamó a Humboldt “padre de la exploración de Asia central” y en su opinión cree que  el naturalista prusiano pudo desear también en ser conocido como el Nuevo Marco Polo, pionero de la literatura de viajes cuando “la ruta de la seda”. Lo que si destacó entre sus descubrimientos fue el haber sido el primer sabio en señalar la identidad estructural de la corteza terrestre en los dos hemisferios del planeta Tierra.

            A la vuelta de su periplo asiático Humbodlt regresó a Berlín, donde falleció en 1859 después de terminar el quinto Tomo de su obra COSMOS, ensayo de síntesis, después de una larga vida. Pasó a ser considerado como una figura de gran relevancia internacional sobre todo en los países que conoció en las Américas así como en Europa. Fue un modelo y fuente de inspiración para muchos viajeros, aventureros, científicos y artistas de los siglos de la Ilustración europea, en el XVIII y en el XIX. Su obra estrictamente científica ha perdurado parcialmente y otra ha sido superada por los avances científicos, a lo largo de dos siglos, pero lo que sí hay que reconocer es su ideario filosófico. Por ello es válido en los momentos que vivimos, en  las primeras décadas del siglo XXI, rescatar algunos de sus valores como la universalidad del conocimiento, el respeto a las diferentes culturas, la libertad y los derechos humanos. Es uno de los retos  que debemos plantearnos en este nuevo orden internacional que nos caracteriza.

 Isidoro Sánchez García – Vicepresidente  de la ACH de Canarias