Artículo de Isidoro Sánchez

RECORDANDO A DON ÁNGEL HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ

El amigo Ángel tenía noventa y siete años cuando falleció en octubre pasado. Había nacido en Güimar, en el sur este de la isla de Tenerife, como el amigo y compañero, el ingeniero de montes Paco Rodríguez. Se licenció en Ciencias Químicas en la Universidad de Sevilla, se especializó en las técnicas del refino del petróleo y llegó a ser delegado de la Cepsa en la refinería de Santa Cruz de Tenerife, así como Director General de la Asociación de las Compañías Españolas Refinadoras de Petróleo.

            Le conocí por los años de 1990 por mor de la emigración, ya que fuimos designados representantes del gobierno de Canarias en el Consejo de Entidades Canarias en el Exterior, al igual que el recordado amigo Paco Hernández Marcos, promotor político de la ley en su etapa como diputado autonómico en el Parlamento de Canarias. Ángel y yo, habíamos marchado a la península en épocas diferentes,  a estudiar en Sevilla y Madrid respectivamente. Los dos teníamos raíces canarias en América, sobre todo en Cuba, cuando la Ilustración.  Él tenía como pariente al famoso Virrey, don Domingo Quintero y Acosta, un personaje natural de Güimar, bachiller, sargento de infantería, notario público mayor del juzgado de Indios, juez sustituto, receptor propietario de la real audiencia de México, ministro interventor e intendente de provincia honorario en La Habana. Mi caso era mucho más sencillo, tenía un ascendiente por la rama materna que emigró a La Habana, Mateo González Grillo. Amasó fortuna en la isla grande de las Antillas regresando a La Orotava, y donó plata a su parroquia de San Juan del Farrobo, en la villa de Arriba, para las andas y los ciriales. Lo más que sé por indicación del cura párroco don Domingo Hernández, tío del que fuese rector de la ULL, Jesús Hernández Perera, es que el pariente transmarino está enterrado en el altar mayor de la iglesia de la Villa.

            En ocasiones viajé con Ángel a las Américas y me contó, su presencia en la presidencia del Hogar Canario de Madrid y su amistad con mi tía Gloria, de cuando iba a La Orotava a saludar y compartir vacaciones con su parienta doña Felipa, la jefa  de Telégrafos cuya oficina estaba situada en un lateral de la plaza de la Constitución donde hoy está el banco de Bilbao.

            Además de las ciencias Ángel tenía un amor tremendo por la cultura hasta el punto que se convirtió en amigo-guía voluntario del Museo del Romanticismo en Madrid, con el que coincidía por razones de vecindad. Puso sus conocimientos idiomáticos al servicio del arte y de la cultura en general. Fueron las traducciones al inglés de la obra VELÁZQUEZ, de Aureliano de Beruete, y del francés al castellano de la obra escrita por el belga Jules Leclercq, titulada VIAJES A LAS ISLAS AFORTUNADAS. Cartas desde las Canarias en 1879.  Es un libro prologado por el académico canario don Antonio Rumeu de Armas. Se trata de un trabajo muy especial por cuanto Rumeu de Armas considera que reúne en si mismo peculiares circunstancias por encima de sus méritos literarios, ya que Leclercq fue el primer escritor que visitó Canarias con el objeto exclusivo de admirar sus bellezas, establecer contacto con la población, conocer el desarrollo económico e indagar en el pasado y en el presente. El belga Leclercq fue para Canarias el primer turista y el primer escritor de turismo.