Artículo de Isidoro Sánchez

VIAJANDO POR EL MUNDO

La Tierra. Foto/Wikipedia

La Tierra. Foto/Wikipedia

Siempre me ha gustado viajar. Lo reconozco públicamente. Desde que era un chico y estudiaba en el Colegio San Isidro de La Orotava con los salesianos y don Pacífico de director. Primero a Gran Canaria con el curso de mi tío Eduardo, luego a La Palma y más tarde a la península. En verdad que con 17 años ya había conocido algunos territorios. Me gustaba viajar en barco como mi padre, que llegó a ser piloto de la marina mercante, en la Transmediterránea en la ruta de Guinea Ecuatorial al norte de España pasando por Canarias a finales de los años de 1930. Volví de nuevo a la península para estudiar en Madrid seis años, del 59 al 65, y por ello fuimos en barco de Tenerife a Cádiz y luego en tren hasta la capital madrileña. Regresábamos en avión. Era una época difícil para viajar  por diversas razones pero con la escuela de montes pude conocer Extremadura y Galicia, y con el fútbol, Zaragoza. En mi época de estudiante volé a Inglaterra y a Suecia. En Brighton asistí a un concierto de los Beatles el 14 de julio de 1964, y en el país nórdico disfruté con los pinos silvestres y abedules, con los cangrejos, los arenques  y los salmones; obviamente con las noches de verano.  Aprendí de verdad lo que era el “Síndrome de Estocolmo.” De regreso a Tenerife me alojé, de viernes a martes, en varios trenes europeos, desde el norte de Suecia hasta Madrid pasando por Estocolmo, Copenhague, París e Irún. 

Islas Canarias. Foto/www.isladetenerifevivela.com

Islas Canarias. Foto/www.isladetenerifevivela.com

            De mi etapa profesional en la administración estatal recuerdo viajar a Rusia en 1971, y al Cono Sur en 1972 para participar en un Congreso Forestal Mundial en Argentina. Años más tarde, en 1976, para conocer parques nacionales de Canadá, Estados Unidos y México, así como volar al archipiélago de Hawaii en 1981. Participé en varios congresos, forestales y de parques nacionales, en Bali (Indonesia), años de 1978 y 1982, pasando algunos días en India, Singapur, Tailandia y Japón.

            A nivel personal salté a Venezuela en 1976 y años más tarde, a partir de 1985,  a Portugal, Cuba, Costa Rica y México,  con la familia y los amigos. Las expediciones a Venezuela a partir de 1982 fueron por  culpa de Rómulo Betancourt y de Humboldt, con especial referencia al viaje  familiar de 1992, por las bodas de plata que nos llevaron también a la Colombia amazónica. Estando dedicado al mundo de la política europea, en Bruselas y Estrasburgo, viajé por diferentes países europeos, Reino Unido, Italia, Grecia, Polonia, y pude participar en diferentes delegaciones del Parlamento Europeo lo que me permitió conocer países del norte de África (Argelia y Túnez), del Magreb (Marruecos y Sahara) y de América Latina,  así como la isla Reunión además del elenco de islas visitadas por razones familiares y culturales, como Madeira, Pascua y Cabo Verde.

            Siendo concejal de turismo del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz  tuve la oportunidad de viajar a las ferias de Turismo más importantes del mundo entre 1995 y 1999: A la FITUR en Madrid, a la WTM en Londres y a la ITB en Berlín. Actividades culturales ligadas a Agustín de Betancourt y Dulce María Loynaz me llevaron en volandas a Rusia y Cuba; sin embargo gracias a Humboldt compartí Alemania y América Latina. Ya jubilado viajo con frecuencia a Castilla León, Extremadura y Portugal para celebrar simposios agro-forestales con amigos y colegas. También a Perú, y pronto a Ecuador, para conocer la avenida volcánica de los Andes y comparar el Teide con el Chimborazo. Unas veces hago los viajes  como turista y otras como viajero. Es muy distinto.

            Reconozco que a la hora de contar mis crónicas viajeras sí he sentido nostalgia del pasado. De mi infancia, de mi juventud y de mi madurez pero no por ello quiero dejar de ser futurista, aunque recientemente unos amigos canarios me criticaron que escribía muchas crónicas acerca del pasado. Mientras que otros, mayormente amigas foráneas, me piden que siga en la misma línea narrativa. No obstante, en mi caso, el pasado no es un lastre sino un impulso para construir un mundo mejor. Por ello en 2018 les contaré mis viajes al futuro para dar a conocer los proyectos, que deben ser esperanzadores, para afrontar los retos globales, tanto materiales como espirituales. De manera especial cuidando el Planeta Agua.