Artículo de Isidoro Sánchez

RECORDANDO A YAYA FEBLES

María Candelaria Delgado Pérez " Yaya Febles". Foto extraída de Efemérides de Bruno J. Álvarez Abreu.

María Candelaria Delgado Pérez ” Yaya Febles”. Foto extraída de Efemérides de Bruno J. Álvarez Abreu.

Hace unos días el hijo varón de Yaya Febles me envió un mensaje donde me contaba que su madre ya estaba preparada para irse a los cielos de la galaxia universal. Me comentó que llevaba sedada unos días y la marcha era inminente.

            Era una tarde de abril cuando a Yaya, esposa de Gil, madre de Cande,  de Marta y de Gil, hermana de mi tía Irma y nieta del músico orotavense don Domingo Delgado, conocido familiarmente como Febles, la llevaron a la sala noble de la Casa de la Cultura “Rómulo Betancourt” de La Orotava para que descansara espiritualmente antes de iniciar el despegue celestial. Apenas llovía en el Puerto pero al mirar hacia la Villa contemplé un cielo encapotado y cargué con el paraguas. Al llegar al barrio del Farrobo además de mojarme me acordé mucho de mi amiga Yaya, de cuando las reuniones familiares en la Villa de Arriba, y de nuestros encuentros culturales alrededor de la música. De la Coral que ella presidía y del Grupo Folklórico que dirigía nuestro primo común, Carmelo Sánchez Delgado. Eran otros tiempos, en la recta final del siglo XX. Fueron momentos en que viajamos a Caracas y a Bruselas, a Venezuela y a las capitales de la UE para recordar a personajes ligados con la Villa cuando este ingeniero que suscribe participaba en el Parlamento Europeo y apostaba por la cooperación cultural entre los pueblos de Europa y América. Uno de ellos fue Rómulo Betancourt, senador vitalicio de la República de Venezuela que asistió en 1981 al tricentenario de la fundación de la iglesia de San Juan del Farrobo en 1681. En Europa había que ver la catedral de Bruselas al escuchar la coral villera que llevaba el nombre del presidente venezolano, uno de los padres de la democracia de América a mitad del siglo XX.  Al igual que el Parque del Este en Caracas cuando la exposición fotográfica sobre la Villa orotavense.

            A Yaya le gustaba tocar el órgano en su parroquia natal de San Juan hasta que una tremenda enfermedad la apartó hace años del mundo pero creo que nunca perdió la visión de las miles de personas que la queríamos. Por ello es difícil olvidar cuando me miró en la tarde en que el Ayuntamiento de la Villa la nominó Villera de Honor por los méritos contraídos en su vida. Hasta lloré cuando le recordé públicamente sus esfuerzos en dejar alto el pabellón de La Orotava, con la música como bandera. Lo mismo sucedió cuando fuimos a su casa de la calle Marqués, en la villa de Arriba, para despedirnos emocionalmente. Aunque no hablaba se comunicaba con su familia y sus amigos a través de la música clásica. Casi como lo hacía Antonio Machado con la poesía, en tiempos de abril cuando la primavera disfrutaba echando las campanas al vuelo como lo recuerda Plácido Domingo. Al llegar arriba repasa los personajes que se han marchado en abril y ponte a releer el Quijote de la Mancha, o a Shakespeare o a Eduardo Galeano o a Dulce María Loynaz. No tendrás tiempo para disfrutar con todos ellos pero ten siempre dispuesta la música para comunicarte con nosotros, los terrenales que te quisimos mucho. Y no te olvides de enviarme las llaves de la Casa Rómulo Betancourt que te llevaste sin darte cuenta. Habla con el padre Antonio y con mi hermano Francisco y recuérdales que los jóvenes de la Villa de Arriba necesitan ensayar para mantener vivo el “Espíritu cultural de La Orotava.”