Artículo de Isidoro Sánchez

UNIDOS TODA UNA VIDA

Más de setenta años estuvimos unidos, toda una vida que diría María Dolores Pradera. Desde que vinimos al mundo en los primeros años de la década de 1940 en el arranque de la calle Calvario de la Villa, en La Orotava, hasta julio de 2018, cuando nos dejaste el día 9. En la misma fecha que naciera en 1956 tu amigo Dardi Sánchez, mi hermano y socio junior de los hermanos EDIS.

         Anoche te escribí un mensaje que se lo envié a tu familia a través de tu  hija Cande que era la persona que me ponía al día de tu situación en el HUC y evoqué la figura de Mario Benedetti haciendo alusión al RECORDAR que te escribí hace pocos años cuando edité la ADENDA del libro de los cuatro Parques Nacionales de Canarias que me encargaste para Multiópticas Orotava. Decía: Todo se hunde en la niebla del olvido … pero cuando la niebla se despeja el olvido está lleno de memoria.

         Ello me permite recordar los años que convivimos en las casas familiares de la calle Calvario de la Villa orotavense. De cuando teníamos a nuestros abuelos maternos asociados, de cuando nuestras abuelas estaban relacionadas con Cuba. La tuya había nacido en la isla grande de las Antillas y la mía tenía al hermano Pancho emigrado a san Antonio de Baños. También me acuerdo de los edificios de enfrente, de la casa de don Cristóbal el guanchero, hoy Sala Teobaldo Power, de la escuela de doña Lucia, del bar Parada, de la parada de guaguas y de taxis, y cómo no, de los plátanos olivos y del dornajo volcánico en el que bebían agua las mulas que venían cargadas de frutas y papas de los altos. Capítulo especial el año que pasamos en el colegio de la Milagrosa y sobre todo la década que vivimos con los salesianos en el colegio de san Isidro de tan grato recuerdo en nuestra juventud, sobre todo cuando combinamos el fútbol con el baloncesto que aprendimos de Gustavo Dorta. No faltaron los entrenamientos veraniegos en los estanques que regaban las plataneras de la zona y donde aprendimos a nadar. Ni las visitas al loro de tu madrina, doña Clorinda, familia de don Nicandro González y Borges, importante mecenas orotavense. Con Javier Arbelo disfrutamos mucho, cuando chicos, en la romería de San Isidro. De nuestra etapa madrileña a finales de los años 50 evoco los encuentros que teníamos con Fafi, José M. Lima y Paco Polo los domingos que acudíamos al fútbol en Chamartín y el Metropolitano, así como las “papas bravas” y un vaso de vino que nos tomábamos en las tascas por una peseta. No te olvides de los almuerzos que comíamos en la calle Barquillo, al lado del Ministerio de Defensa donde cumplías el servicio militar.

         Después de nuestros respectivos matrimonios nos lanzamos por caminos distintos. Tú en La Orotava y yo para el Puerto de la Cruz y Santa Cruz. Antonio se fue al mundo empresarial relacionado con las ópticas e Isidoro para el Patrimonio Forestal del Estado y luego al ICONA pero nos unía el salesianismo y el deporte, la amistad y la política. Apostamos por el San Isidro en baloncesto y por la AIO en la política. Del primero fue presidente Antonio  y de la segunda fuimos concejales de urbanismo en el ayuntamiento villero a partir de 1979 y de 1983 respectivamente.

         Con el paso de los años retomamos nuestras relaciones familiares y viajamos por la Europa comunitaria, a Viena de la mano del fútbol y a Escocia de la mano de la política. La salud nos traía de cabeza y el corazón te llevó a Suecia acompañado de mi primo Juan y de mi hermano Francisco. Como más tarde a Madrid y al HUC.

         Hablando de viajes y de recuerdos te repito el mensaje que escribió el japonés Matsuo Basho y fue publicado después de su muerte a finales del siglo XVII:

Los días y los meses son viajeros de la eternidad.

Así pasan los años. Viajan cada minuto de sus días quienes navegan la mar o cabalgan la tierra, hasta que sucumben bajo el peso del tiempo.

Muchos viejos mueren en el viaje. Yo solo he sucumbido a la tentación de las nubes, las vagabundas del cielo.

         Lo que no tengo claro es lo que te sucedió en estos meses de verano, cuando abunda la panza de burro, pero la vida es la que es y tenemos que cumplir con lo que marca su reloj. Ahora nos dejaste sin avisar y te fuiste para los cielos del Cosmos. Allá arriba podrás reencontrarte con tu familia, especialmente con tu hijo Antoñito, y con tus amigos. Dale recuerdos a todos y en particular a los Pacos, a Fafi y a mi hermano Francisco. Pregunta por Agustín de Betancourt y Alejandro de Humboldt y diles que estamos celebrando sus Años en Tenerife. Para ti te guardaremos un homenaje especial, además del personal, relacionado con el baloncesto, el Trofeo “Antonio Santos”. Servirá para recordarte en lo deportivo al igual que a tu hijo. Seguro que el amigo y convecino de la calle Calvario, Bruno Álvarez, se encargará de ello.

         ¡Descansa en paz, Antonio! Tu familia, Lala, tus hijos y tus nietos en particular, así como tus amigos no te olvidaremos. Contigo se fue una gran parte de nuestros corazones.

         Isidoro Sánchez