Artículo de Isidoro Sánchez

UNA TARDE DE MAMIO

Fue el sábado 11 de agosto cuando el hermano Nany nos citó para celebrar el clásico acto de convivencia familiar que cada año organiza en su finca de la “universidad de Mamio”, en el corazón de Aguamansa, La Orotava, a una cota de mil metros sobre el nivel del mar. La última vez que estuvimos fue en junio pasado cuando la clausura de la Humboldtrace III que lidera el profesor Thomas Heyde, quien imparte clases de filosofía cerca del océano Pacífico, en la canadiense Columbia Británica de Vancouver. En esta ocasión sabatina la situación climatológica nos obligó a llevar unos chaquetones que amortiguaran el frescor del día por culpa del alisio que nos permitió disfrutar, en pleno agosto, de un día espectacular. Se notaba el impacto de la lluvia horizontal sobre el corpus de monteverde que caracteriza el Mamio orotavense, que no el “ohiano” que hemos descubierto recientemente en una visita a las Agua en San Juan de la Rambla por culpa de las plaquetas y de la piscícola “Casa de mi Madre”.

Como viene siendo habitual nos reunimos, a la llamada de Nany y Mila, el núcleo duro del grupo familiar y algunos amigos relacionados por razones de salud, en la mayoría de los casos. Por ello no extrañó disfrutar de los doctores Dominguez y Pilar, con sus respectivas parejas, como de la familia Gallardo-Ortíz o de Pepe y Mary. Del lado de la familia resaltaremos a los hermanos Edis con sus esposas Dolores y Paca, y sus hijos Edu, Fran y Juanpa, respectivamente, al igual que alguna que otra nuera y el nieto, Sergio. Asimismo a Carmina y Borja con Neo, el pollito de Adeje. También a los primos Luci y Juanma  y a los Ramírez de Atanasio, con sus hijos, Victoria y Antonio, y los nietos Sara e hijos de Antonio y Carmen. Una sueca familiar, Margaretta Gadefel, también nos acompañó. Se evocaron las figuras de mi hermano  Francisco y de mi cuñado Tito, se notaron las ausencias familiares viajeras  y las muestras de la permacultura. Mucho follaje y poco fruto. Nada de manzanas, nada de nueces y nada de ciruelas. Menos mal que los anfitriones Nany y Mila estaban acompañados de Nayra y Juan, con el nieto Gael de mascota.

         El ambiente estaba cargado de nubes, se notaban las gotas que caían sobre los techos de las carpas pero el verdor de los árboles, de los arbustos, de los matorrales y de las hierbas daba un toque de distinción al sábado de Mamio donde no faltó el blanco ni el tinto de la familia Domínguez. Tampoco las ensaladas especiales de Paca, Carolina y mi hermana Ito, ni los postres de Susana, Carmen, Pilar y Mary. Y no digamos nada de las piñas y costillas, con papas bonitas, que nos preparó Nany, Mila y Nayra.  No hubo excursiones pero si pudimos disfrutar del ambiente Atlántico que caracteriza este lado norte de la isla, desde el mar hasta la cumbre, desde El Rincón hasta Aguamansa pasando por la Florida y Pinolere. Por ello nos acordamos del “mamio”, que Nany guarda entre los helechos frente a la galería La Tumba. Es un nuevo elemento de la Tabla Periódica que añadí hace poco al “rinconio”, al “florido” y al “pinolerio”, por su valor espiritual. Como no podía faltar el ocio y la música cuatro equipos se conformaron para jugar a las bochas. Sorprendió el equipo de Fran con niños incluidos. Menos mal que nadie se durmió porque Juanma nos cantó Nessun Dorma, como Pavarotti.

Al regreso nos encontramos, al pasar por Los Cuartos, con la final del Trofeo Teide. Fue una tarde de Mamio y todos nos cargamos de endorfinas.