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APUNTES SOBRE VIERA Y CLAVIJO: Realejo Alto (Tenerife) (1731)-Las Palmas de Gran Canaria (1813)

Hay personas en Canarias que permanecen durante siglos ligadas  a determinadas zonas geográficas de las islas. Es el caso de Viera y Clavijo, ya que durante el XVIII, XIX, XX y XXI se ha mantenido en el pedestal de la fama intelectual. Unas veces con los nombres de calles, colegios, equipos, cines, asociaciones; otras, son los jardines, las plazas, las revistas y las bibliotecas los que mantienen el recuerdo.

El valle de La Orotava fue una de esas zonas ya que siempre estuvo relacionado con la historia de don José Viera y Clavijo, en los primeros años de su vida. Por razones de familia y de estudios. Primero Los Realejos, donde nació en 1731, y por su padre, que fue alcalde del Realejo de Arriba; luego Puerto de la Cruz de La Orotava, donde fue a vivir antes de subir al convento de Santo Domingo en La Orotava, para estudiar Filosofía y Teología.  Más tarde, en 1757, marchó como buen realejero a la ciudad de San Cristóbal de  La Laguna, ya con las órdenes eclesiásticas, por fuera, y la semilla de la Ilustración, por dentro. Saltó a Madrid en 1770 y posteriormente viajó a capitales europeas en el último cuarto del siglo XVIII. Impregnado del Espíritu de la Ilustración europea regresó a Gran Canaria, falleciendo en Las Palmas el 21 de febrero de 1813.

Ediciones Aguilar, de Madrid, publicó en 1958 la novela de viajes a Canarias que escribiera la ilustre poeta cubana Dulce María Loynaz, entonces Hija Adoptiva de la ciudad turística del Puerto de la Cruz. La tituló “Un verano en Tenerife” aunque bien es cierto que conoció la mayoría de las islas del archipiélago canario. El capítulo primero de la novela lleva por nombre: <<Las tres primaveras del Arcediano>>, y se refería a su admirado don Joseph Viera y Clavijo -clérigo, historiador y admirador secreto de Voltaire- cuando disfrutaba de tres primaveras diferentes en tres escenarios tan diversos como la Villa de Madrid, París y Santa Ana, en Las Palmas de Gran Canaria, donde le acompañó su hermana María Joaquina quien le regañaba cada vez que le veía escribir acerca de la Historia de Canarias, que tantos años le llevó para redactar.

En 1982 miembros del colectivo Aguijón, afincado en La Orotava, editaron un trabajo muy interesante sobre la vida y obra de don José, y contribuyeron de manera enciclopédica a escribir un singular librito que reedita la doctrina rural que tanto le gustaba divulgar a  Viera y Clavijo. La razón, la fe y las ciencias de la naturaleza están esparcidas por las páginas del trabajo literario de los inquietos  jóvenes orotavenses. Ese mismo año conoció la publicación del Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias, escrito por don José Viera y Clavijo. Había sido editada por la Mancomunidad de Cabildos de Las Palmas en el marco del Plan Cultural 1982. La edición fue dirigida y prologada por el profesor Manuel Alvar.

A finales de la década de 1980, el amigo y paisano Antonio Luque Hernández, compañero de colegio en los salesianos de San Isidro,  me obsequia un libro de Cartas de don José Viera y Clavijo a diversas personalidades. Todas las crónicas epistolares están salpicadas de ideas y frases ingeniosas. En su introducción, el investigador orotavense  cuenta los destinatarios de las citadas cartas y la razón de ser de las mismas. El telón de fondo, escribe Luque, gira en torno a los dos viajes que realizó en su etapa europea y en particular a la estancia en dos capitales, París y Viena. Se acercó también a Italia y la crisis de las universidades no se le escapó a Viera y Clavijo hasta el punto que cuando conoce la de Bolonia, la más antigua de Europa, escribe: <<Su famosa Universidad está ahora del mismo modo que todas las Universidades famosas, esto es, unos fríos cadáveres de lo que fueron, pero por el contrario, el Instituto es hoy un gran Alcázar consagrado a las ciencias…>>

El Gobierno de Canarias, a través de una de sus empresas culturales, Socaem, editó en 1991 una excelente colección de libros que integran la Biblioteca Básica Canaria, cuyo director fue Juan Manuel García Ramos. El número 9 está dedicado a la Historia de Canarias y la edición del Tomo II, referente a don José Viera y Clavijo -libros XII al XVIII- correspondió al ínclito profesor Antonio de Béthencourt Massieu. Se dice que Viera fue un hombre de formación enciclopédica: poeta, novelista, químico, naturalista, moralista, pedagogo, traductor, historiador.

Años más tarde, en 2002, la Fundación Canaria Orotava de Historia de la Ciencia abordó un trabajo peculiar de la obra de Viera y Clavijo, en particular ciertos Opúsculos Científicos relacionados con noticias del cielo o astronomía para niños, los aires fixos y la boda de las plantas. Esta divulgación científica fue realizada por otro villero, Miguel Hernández, profesor de Física y admirador de José Viera y Clavijo, el arcediano que tenía la sonrisa de Voltaire y un Hombre Ilustrado, y que participó en las laguneras Tertulias de Nava, en su última etapa tinerfeña, antes de viajar a Madrid.

Nivaria Ediciones reeditó en 2005 el Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias, de José Viera y Clavijo, con ocasión de los 50 años de la reunificación de los dos Realejos, el de Arriba y el de Abajo. También sirvió para rendir memoria a la RSEAPLPGC por se la institución responsable de la primera edición de dicho Diccionario en 1856. La Historia Natural en la obra de Viera y Clavijo, -un hombre de su tiempo-, fue redactada por la profesora Victoria Galván, de la ULPGC. Las listas de las especies animales y vegetales fueron actualizadas con la terminología aportada por científicos universitarios de la ULL como Wolfredo Wildpret, Alberto Brito y Juan Antonio Lorenzo.

Félix Hormiga escribió en 2006 un encargo literario sobre Noticias de Viera y Clavijo con ocasión del 21 de febrero, fecha en la que se celebra el primer Día de las Letras Canarias, efeméride de la muerte del ilustre polifacético escritor canario nacido en Los Realejos.  En el prólogo de estas Noticias  redactadas por el escritor lanzaroteño se recordaron, por parte del que fuera entonces Director General del Libro del Gobierno de Canarias, Hernández Aguiar, las razones por las que se eligió como protagonista a Viera a la hora de celebrar el Día. Primero por su proyección intelectual enciclopédica y, segundo, por representar uno de los ejes en los que se sustenta nuestra rica tradición cultural, específicamente la literaria, que ilustra con total nitidez los pilares en los que se apoya la identidad canaria moderna. De su relato sobre Viera me llamó la atención un mensaje que nos deja Félix Hormiga, admirador por cierto del profesor portuense Agustín Espinosa, uno de los padres del surrealismo en Canarias, que se afincó en Arrecife, escribió Lancelot 28º- 7’, regresó a Tenerife y falleció en Los Realejos en 1939, en su casa familiar del Realejo Alto o de Arriba, el municipio natal de Viera y Clavijo. Señala Hormiga en su librito de Noticias que las Islas Canarias necesitan una buena dosis de vertebración y de saberse inmersas en el mundo, como parte del mismo flujo de pensamiento que mantiene vivo el planeta Tierra. También apunta que deben elaborar el mapa de referentes ya que para la definición de pueblo, con lo que la expresión conlleva de plural, se hace necesario prestigiar a los actores de la cultura, del pensamiento y de la política.

En la sede lagunera de la RSEAPT, el biólogo Arnoldo Santos, con su disertación sobre el arcediano que no quiso ser botánico, y la profesora realejera Ana García, que nos explicó los contenidos de una exposición sobre Viera, nos hicieron disfrutar mucho en la tarde del jueves 21 de febrero de 2013, fecha del bicentenario del fallecimiento del ilustrado José Viera y Clavijo, 1813-2013, recordando su vida, su obra y su legado polifacético.