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EL ESPÍRITU DE YELOWSTONE

Foto.-Francisco A. Abrante

Foto.- Francisco A. Abrante

Yelowstone es el nombre de un Parque Nacional (PN) muy especial de los EE.UU. de América. Cumplió cien años de su declaración en 1972 y la efeméride fue muy sonada por cuanto se trataba de un Espacio Natural Protegido (ENP) que sirvió de fundamento en 1872 para definir la filosofía de guardar los recursos naturales para las futuras generaciones (Desarrollo Sostenible). Se dieron cita en este singular ENP muchos dirigentes de los países del planeta Tierra. Uno de ello fue el representante español Francisco Ortuño, ingeniero de montes.

Ortuño había trabajado en Canarias en las décadas de los años 40 y 50 del siglo XX como responsable del Patrimonio Forestal del Estado (PFE). Era la época en la que se iniciaban los consorcios forestales entre este organismo autónomo estatal y los ayuntamientos canarios. Comenzaron por el norte de la isla de Tenerife ya que Rafael Machado Llarena, consejero del Cabildo insular, natural de La Orotava y destacado dirigente del mundo del agua (La Dula), se interesó por la repoblación forestal de los montes del valle y solicitó la intervención estatal en este sentido. Primero fue en  La Orotava y luego en Los Realejos para continuar en el norte y sur de Tenerife. Corría el año 1945 cuando comenzaron a formalizarse los correspondientes contratos entre el Estado y los municipios, titulares de la mayoría de los montes en Tenerife. Tenían claro que los árboles contribuían, entre otros aspectos, a reducir la erosión y a captar el agua que las nubes depositaban cuando los vientos alisios las empujaban contra las laderas del valle de La Orotava.  Aún no se hablaba del cambio climático ni de resiliencia, ni de paisaje ni de biodiversidad. Sólo le interesaba el agua, que no era poco. Prueba de ello fue la cesión que le hizo la Dula al ayuntamiento orotavense del vuelo del monte “Cumbres de La Orotava” que adquirieron en pública subasta cuando la desamortización general de la segunda mitad del siglo XIX.

Don Luis Ceballos, profesor de Botánica en la Escuela Técnica Superior de Ingeniero de Montes (ETSIMO) de Madrid, se acercó a Tenerife para colaborar con Ortuño y participó con él en la redacción de un libro técnico muy interesante, relacionado con los recursos naturales: “Vegetación y flora forestal de las Canarias occidentales”. Se publicó por parte del Instituto Forestal de Investigaciones y Experiencias (IFIE) en 1951 y posteriormente, a finales de la década del año 1970, fue reeditado por el Cabildo de Tenerife a propuesta del consejero y profesor de Botánica en  la Universidad de La Laguna, Wilfredo Wildpret.

De las tareas en el Distrito Forestal (DF) se ocupaba el ingeniero de montes don Leoncio Oramas, responsable de los montes privados y públicos no consorciados. Antes, en época de la II República, insistió ante Madrid para que el Teide fuese declarado PN. También ordenó en 1948 la plantación del nuevo Garoé de la isla de El Hierro.

En la década del año 1950 se conoció el Decreto del general Franco -enero de 1954- declarando el Teide como Parque Nacional, propuesta que se había iniciado en 1917 cuando se aprobó la Ley de Parques Nacionales. Meses más tarde, en octubre de 1954, se firmó  el Decreto de declaración de la Caldera de Taburiente como PN, en la isla de La Palma. Creo que Ortuño tuvo mucho que ver entonces con estas actuaciones oficiales, como también, -después de marchar a Madrid al inicio de los años de la década de 1960 como Director General de Montes y del PFE-, en las posteriores declaraciones de Timanfaya y Garajonay como Parques Nacionales, ya siendo Director del Icona a partir de 1972. Era la etapa en la que el ingeniero de montes José Miguel González ocupó el cargo de responsable máximo en la Administración Forestal de Canarias, con el veterano ingeniero de montes Juan Nogales como inspector regional. Los servicios del PFE, DF, Parques Nacionales, Caza y Pesca se habían unificado bajo un mando orgánico único.

Fue en 1972 cuando Francisco Ortuño recibió la invitación para asistir al centenario de la declaración del PN de Yelowstone. Cruzar el charco sirvió para impregnarse en tierras americanas de una nueva doctrina conservacionista a la hora de gestionar los recursos naturales: la gea, la flora y la fauna. Se dio cuenta de muchas cosas, entre ellas del Desarrollo Sostenible, y trajo del Far West USA la figura del director-conservador y los Planes Rectores de Uso y Gestión (PRUG), así como la necesidad de eliminar la flora y la fauna exóticas en los PN. Esa fue la razón de aceptar nuestra propuesta en el año 74, de erradicar los pinos radiata o insigne plantados en el recinto del PN del Teide, procedentes de un consorcio forestal  entre el PFE y el Ayuntamiento de La Orotava, al igual que los muflones introducidos dos años antes, por el impacto en la flora endémica del PN.  También la de incluir en la renovación del Tratado entre los EE.UU. y España las materias de Conservación de la Naturaleza y la Historia. En ese año de 1974 Lanzarote conoció la declaración del PN de Timanfaya gracias al empecinamiento de José Ramirez, César Manrique y Jesús Soto, por una parte, y de los ingenieros de montes Juan Nogales y Manuel Díaz Cruz, de otra.

Ortuño, que venía mucho a La Orotava por razones familiares,  se empeñó en la formación americana de los técnicos que trabajaban en los PN españoles. Comenzó por enviar al canario José Miguel González al seminario de PN en Míchigan en el verano de 1974, quien a su regreso a Canarias me planteó la necesidad de completar la protección, como ENP, del ecosistema natural de la laurisilva. Así nació el PN de Garajonay aún cuando hubo de esperarse a 1981 para conocer el parto oficial por una serie de circunstancias técnicas y políticas sucedidas en 1975 (Ley de Espacios Naturales y muerte de Franco). Es justo reconocer que en 1969 el Cabildo de la Gomera tenía similares intenciones hasta el punto que le encargaron al botánico sueco Enrique Sventenius un informe al respecto, que luego utilizamos en el expediente de declaración del PN de Garajonay. De esta manera se conformó lo que luego sería la Red Canaria de PN.

Nunca me olvidaré de nuestra presencia en Estrasburgo y en Bali, año de 1982, para dar cuenta a la comunidad científica europea (Consejo de Europa) e internacional (Congreso Mundial de Parques), respectivamente, de la declaración en 1981, del PN de Garajonay en la isla canaria de La Gomera.  Antes de fallecer Ortuño pudo conocer en 1986  la inclusión del PN de Garajonay en la Lista de Bienes Naturales del Patrimonio Mundial. Por entonces Naciones Unidas había encargado el informe sobre Desarrollo Sostenible que sería aprobado en 1987 siendo ponente la noruega Bruntland.

Del  caso del PN del Teide como Patrimonio Mundial Francisco Ortuño se enteró allá arriba, sobre las nubes.  El recuerdo de este ínclito ingeniero se mantiene vivo en la isla de Tenerife gracias al Mirador que diseñado y elaborado por el escultor lagunero José Abad lleva su nombre en las cumbres de la Victoria de Acentejo. Desde allí se contempla el Teide de manera espectacular.

Lo cierto es que Yellowstone insufló en Francisco Ortuño -todo un ejemplo de resiliencia familiar- una nueva savia natural que fue reconocida posteriormente por técnicos y biólogos, por conservacionistas consecuentes. Así nació <<EL ESPÍRITU DE YELOWSTONE>>. Gracias compañero, amigo y maestro.

Isidoro Sánchez García, ingeniero de montes

 Director del PN del Teide (1974-1979)

Director del PN de Garajonay (1982-1987)