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GEOGRAFÍA Y GEOMETRÍA DEL AGUA EN LA OROTAVA

Casa del Agua en la Finca de Dº Sebastián Machado (1929) - Aguamansa. Villa de La Orotava

Casa del Agua en la Finca de Dº Sebastián Machado (1929) – Aguamansa. Villa de La Orotava

Tiene La Orotava una geografía muy especial en materia de aguas que le hacen destacado municipio en materia de valores únicos y excepcionales. Entre el nivel del mar y el Teide (3718 m.). Con paisajes agrícolas, urbanos y agroforestales sobresalientes, con espacios naturales protegidos repartidos entre el mar y el Teide. Desde la costa de El Rincón hasta el Parque Nacional del Teide, hoy incluido como Bien Natural del Patrimonio Mundial por la Unesco desde 2007.

La Villa cuenta con una sociedad civil muy inquieta repartida en diferentes tipos de asociaciones entre las que destacan el veterano  Liceo de Taoro y la ecologista Coordinadora de El Rincón aparte de otras de tipo social, cultural, deportivo y recreativo. La Orotava tiene fama de estar predispuesta a la participación ciudadana y disponer de una amplia conciencia orientada al interés general. Amplios museos, archivos y bibliotecas, al igual que numerosos espacios culturales públicos y privados, escuelas, colegios e institutos,  están repartidos por el territorio orotavense, además de la Universidad Europea de Canarias. Muchas personas y colectivos coinciden en definir a La Orotava como el centro o eje cultural del norte de Tenerife. En el caso del agua no extraña porque  cuenta con un gran número de nacientes y sobre todo de galerías, que están activas y aportan un importante caudal de agua  a la isla tanto en cantidad como en calidad además de disponer de balsas públicas (Balten) y privada, de la   Comunidad familiar  de los Ascanio. Desde 1996 está funcionando en el municipio la planta de embotellado de agua mineral natural de la marca FONTEIDE. Hay en el municipio desde la época de la conquista una gran vocación en materias de agua donde abundan las comunidades, empresas y mineros del agua, al igual que los viejos molinos de agua. El Heredamiento o Dula así como la Empresa o Sindicato del Agua pasaron a la historia al igual que el río de Aguamansa, las Casas del Agua y las centrales hidroeléctricas de Hacienda Perdida y La Abejera.

Analizando el agua en La Orotava nos encontramos que la molécula del agua es angular (104,5º),   y está constituida por dos átomos de hidrógeno unidos por enlaces al átomo de oxígeno, como todas las aguas. Pero tiene una geometría muy especial,  con tres tipos de figuras hidráulicas en lo que a procesos, canales, acequias y tuberías  se refiere. Así aparece: (i)  el tipo circular, que se refiere a la forma que adopta el ciclo hidrológico en el valle de Taoro con el agua que se evapora del océano Atlántico, asciende hasta las nubes o meteoros para luego descargarse en forma de nieve o agua vertical, infiltrarse, en unos casos o escurrirse a lo largo de barrancos, en otros. Las que se infiltran pueden aparecer en forma de nacientes o se embolsan y mediante galerías se alumbran para incorporarlas al suministro de la sociedad y otras se van al mar océano; (ii) el tipo sinuoso, que hace referencia al modelo geométrico que tuvo el canal que traía las aguas desde Aguamansa hasta la Cruz Verde, con una sección de 30 cms de ancho y 50 cms de alto, de diferentes materiales, en función de la época, y con un trazado que iba desde la cuenca hidrográfica de Aguamansa en dirección noroeste hasta La Piedad pasando por diferentes barrios de los altos y medianías del municipio orotavense, y (iii) tipo lineal, que alude al modelo de tubería de carga ( metálica de 30 cms de diámetro) que se utilizó en las dos centrales hidroeléctricas de la Villa desde 1894 a 1975, en Hacienda Perdida, primero, y en la Abejera después.

La Orotava, una empinada Villa, nació entre aguas y estrellas, entre el océano Atlántico  y el volcán Teide, en el valle de Taoro, toda una alfombra geológica  surcada de barrancos, convertidos en arterias vitales del corazón de una isla muy especial, Tenerife. Al igual que en otros lugares o sitios del planeta Tierra, en edificios volcánicos surgidos del lecho marino del océano Atlántico norte, en el archipiélago macaronésico de Canarias junto al continente de África y punto geoestratégico del primer nivel en la ruta con Europa y América.

Mayormente el pueblo de La Orotava, mestizaje de aborígenes y colonizadores del siglo XV y XVI, se siente orgulloso de sus raíces guanches y presume de tener un sentimiento eterno por todos lo que hicieron realidad esta comarca tan especial. Empinada, diversa, coronada de montes, protegida por laderas, abierta al mar y repleta de agua subterránea, con una vegetación muy exuberante y con un corredor de alta biodiversidad. Cuenta con un paisaje muy rico y diverso donde se combina la Rus y la Urbe. Unas señas de identidad que hacen de la Villa un municipio muy especial, por la cantidad y calidad de sus recursos, naturales y culturales. Moderno y vanguardista de manera puntual pero que no ha perdido sus tradiciones como se manifiestan cada año en sus fiestas Patronales en honor a San Isidro Labrador con una Romería espectacular, al igual que con las Alfombras que se confeccionan en honor al Corpus Christi, tanto de flores como de arenas volcánicas. Cuenta con una economía que se mueve alrededor del sector primario, agricultura principalmente, y del sector industrial, con el agua como protagonista, así como del sector servicios, comercio y banca, sin olvidar el turismo, como ejes principales.

Fue La Orotava un municipio pionero, a la hora de irrumpir en el mundo de las energías renovables cuando la SEO inauguró la primera planta hidroeléctrica en el paraje de Hacienda Perdida en el año de 1894, de la mano de un emprendedor polifacético, el militar Ricardo Ruiz Aguilar. Se utilizaban las aguas que bajaban de Aguamansa para regar fincas, mover molinos de grano repartidos por la Villa y abastecer las necesidades domésticas del pueblo. Estuvo La Orotava  partida en dos Villas, la de Arriba y la de Abajo, donde se repartió el pueblo, proletario arriba y aristocrático y burgués abajo; llena de conventos asociados a las órdenes religiosas, de casas y jardines señoriales, de ermitas e iglesias, de calles empinadas pero apacibles, de miradores estratégicos, con árboles notables y edificios civiles y religiosos singulares, en definitiva conformando un conjunto histórico muy atractivo.

Abundan las plazas, escasean los aparcamientos, hay café y restaurantes por el casco y guachinches en la zona periurbana y rural. La música y el dibujo constituyen asignaturas relevantes de escuelas municipales y privadas, de colegios e institutos y desde 2013 presume de una universidad europea. Como del IAC en Izaña en 1975 o del Parque Nacional del Teide desde 1954. Tiene en su haber universidades rurales y etnográficas, El Rincón, La Florida, Pinolere y Aguamansa.

Es decir nos encontramos con una Villa señorial, en todos los sentidos. Desde 1496, cuando se formalizó la conquista por parte de la corona de Castilla hasta la actualidad en que forma parte de una región ultraperiférica de la Unión Europea, Canarias, Comunidad Autónoma de un estado miembro, España. Por ello no debe sorprender lo que señaló el naturalista francés, Sabino Berthelot, en los años que vivió en La Orotava, en las primeras décadas del siglo XIX. En su sexta Miscelánea, que tituló ESTANCIA EN LA OROTAVA,  escribe que “le gusta pararse en los lugares que le son gratos y permaneceré en los mismo si las gentes le gustan”.

En otro momento dice que “La Orotava no se parece a nada de lo que por esos mundos puede admirarse: es tierra privilegiada, algo único, un paisaje no repetido por la Naturaleza. El color del cielo, los efectos de luces, la transparencia del aire, la perspectivas de las masas, el aspecto del manto vegetal, los contrastes de las formas, en una palabra, todo cuanto se contempla está formado por la concurrencia de un conjunto de elementos que determinan la impresión que se recibe”.

Llama también la atención la descripción de Berthelot acerca de La Orotava: “Es un paisaje no repetido por la naturaleza, que solo puede soñar la imaginación del poeta. Tiene su asiento en la pendiente del valle y su aspecto tiene algo de campestre que no se encuentra en las ciudades europeas. Cada casa con su jardín con su huerta, y con el agua correteando entre molinos”. Sus palabras son suficientes para resumir La Orotava, como años antes lo había hecho su amigo Alejandro de Humboldt en junio de 1799 cuando iba camino de la América hispana donde estuvo hasta 1804, y dejó constancia de los valores paisajísticos del valle de Taoro, al compararlo con las riberas del Orinoco, las cordilleras del Perú y los valles de México.

No debe extrañar por tanto el prólogo que escribiera en 1982 el académico de la Historia, Antonio Rumeu de Armas, a la primera edición de la obra del profesor orotavense Domingo Hernández Perera, con ocasión de su obra EL CENTRO HISTÓRICO DE LA VILLA DE LA OROTAVA. Hoy nos sirve como referente singular para entender algunos de los valores universales de la Villa en materia de Patrimonio Histórico Artístico y de los ecosistemas que le rodean. Al igual que el apéndice documental que invocase Hernández Perera, particularmente la Carta de Atenas de 1933 y la Carta de Machu Picchu en 1977, reflejada en unos pensamientos del arquitecto Francisco Carbajal de la Cruz, hacia la “más alta vasija que contuvo el silencio” en las cordilleras andinas.

Como bien dijeran los profesores Laín Entralgo y Rumeu de Armas, en diferentes ocasiones: “El amor a la tierra natal  es uno de los sentimientos más puros  que anidan en el ser humano”. De ahí que recordemos las Memorias del Agua en el valle de Taoro, – donde estaban las mejores tierras y las más prolíficas aguas de Tenerife -, y en Perú. En ambos territorios un amigo común, Alejandro de Humboldt.