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GREGORIO FUENTES, DE ARRECIFE A LA HABANA (De 1897 a 2002).

Visita en Mayo de 1998 a la casa de Gregorio Fuentes (Cuba).- Archivo Eduardo Sánchez

Visita en Mayo de 1998 a la casa de Gregorio Fuentes (Cuba).- Archivo Eduardo Sánchez

El 10 de enero de 2014 tuvo lugar la inauguración de la exposición de diseño industrial del alemán Wolfgan Deisig, en la Casa de los Arroyo, en Arrecife, de la pertenencia del Cabildo de Lanzarote. Ello me permitió apreciar la importancia de esta isla canaria -puerta de entrada de los europeos a principios del siglo XV y muy cerca del continente africano- en el triángulo vital del diseñador alemán. Le sirve de fuente de inspiración en su trabajo.

También me sirvió para contemplar la marcha de las obras de la Marina de Lanzarote, en la capital de la isla, que ejecuta el grupo empresarial Calero. Para ello tuve que levantarme pronto y caminar a lo largo del litoral y contemplar el castillo de San Gabriel, el Puente de las Bolas, la iglesia de San Ginés y el Charco que lleva el nombre del santo patrón. Al final, frente al puerto, la Marina de Lanzarote. El sol le daba de lado a los edificios que se estaban construyendo  y a los barcos que disfrutaban mecidos por el mar Atlántico, atados a los respectivos pantalanes que ya sirven como referencia de este espacio de ocio, donde se quiere combinar la actividad deportiva con la comercial sin olvidar la tradicional de la carpintería de ribera que conocieron algunos personajes de la isla de los volcanes, como el joven Gregorio Fuentes antes de embarcarse para Gran Canaria y seguir con su padre para Cuba a principios del siglo XX.

Antes me había parado en la librería El Puente para adquirir unos libros de Hemingway que quería regalar a un amigo de la familia de mi hermano Eduardo, por su cumpleaños. Uno de los trabajos literarios era “El viejo y el mar”, que tanto le gustó a mi sobrina Sara quien es amiga del cumpleañero. Una de las múltiples veces que viajé a Cuba llevé hasta Cojimar a mi hermano para que conociera el ínclito Gregorio Fuentes y se fotografiara con él, un conejero afincado en Cuba y nacido en Arrecife a escasos metros del emplazamiento de la actual marina. Aproveché la oportunidad para comentarle a Norberto, responsable máximo de la librería, mi idea de proponerle al grupo Calero que designara con el nombre de GREGORIO FUENTES la MARINA DE LANZAROTE.

Razones habían, en mi opinión. Gregorio había nacido en Arrecife en 1897.  Siendo un chico se embarcó con su padre en el vapor Joven Antonio, cargado de papas y cebollas. Primero rumbo a Las Palmas de Gran Canaria y luego camino de La Habana, en Cuba. Antes de atracar en el puerto habanero se lanzó al agua para que no le descubrieran ya que había viajado como polizón. Al principio se escondió por Regla y Casablanca, más tarde se fue al interior hasta que descubrió Cojimar en provincia Habana donde se pasó el resto de su vida pescando, allí conoció en los años de 1950 al periodista y novelista estadounidense Ernesto Hemingway, al que le enseñó muchas cosas, además de los mojitos. Le sirvió como referente de la figura del viejo Santiago, protagonista humano de su crónica narrativa “EL Viejo y el mar”, ejemplo de novela corta o cuento largo que le sirvió al americano para conseguir el premio Pulitzer y más tarde el Nobel de Literatura, en 1954, por la belleza del relato, todo un icono y símbolo de la lucha por la vida.

De la lectura del relato corto de Hemingway siempre me gusta leer las páginas que tratan del sueño del viejo Santiago, el Pedro (a) Infinito del escritor y paisano Juancho Armas Marcelo. Siguiendo la obra de don Ernesto disfruto cuando el Nobel norteamericano pone en boca del viejo pescador,  que duerme en su choza de Cojimar, el sueño que le lleva a su tierra natal. A la época en que era un muchacho, con las largas playas doradas y blancas, tan blancas que lastimaban los ojos, y los altos promontorios  y las grandes montañas pardas. Vivía entonces todas las noches a lo largo de aquella costa y en sus sueños sentía el rugido de las olas contra lo rompiente y veía venir a través de ellas los botes de los pescadores locales. Sentía el olor a brea y estopa de la cubierta mientras dormía, y el olor de África que la brisa de tierra traía por la mañana.

Continúa Hemingway relatando que cuando el viejo Santiago olía  esa brisa, se vestía e iba a buscar al chico que le gustaba acompañarle en la pesca. Pero esa noche el viejo apreció que la brisa vino muy temprano y decidió seguir soñando para ver los blancos picos que se levantaban del mar y luego los diferentes puertos y fondeaderos de las Islas Canarias.

Todas estas consideraciones nos llevan a pensar en clave turística, de la promoción cultural de Arrecife, de Lanzarote y de Canarias. A través de un ejemplo que recordamos con cierta nostalgia cuando conocimos y visitamos en Cuba el camino que dejó marcado en la isla grande del Caribe un personaje de la talla de Ernest Hemingway. Nos referimos a la Marina de Hemingway, en el litoral de La Habana, donde se congregan todos los años pescadores del mundo evocando la figura del pez espada y la del relator del mar que fue don Ernesto. Por eso queremos que el papel que desempeñó Gregorio Fuentes en relación al mar y la pesca en Cuba, recreado por Hemingway, podamos aplicarlo y explicarlos en Arrecife, su tierra natal. De ahí nuestra propuesta acerca del nombre que queremos añadirle a la marina canaria, que se puede ver enriquecida con un busto del pescador y con la rehabilitación de la antigua Escuela de Pesca como Hotel singular, asociado y enmarcado en la MARINA DE LANZAROTE   – “GREGORIO FUENTES”.

Isidoro Sánchez  García. Sociedad para la promoción cultural de Canarias en Europa.  13 de enero de 2014.