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RELACIONES EXTERIORES DE CANARIAS

Foto.- Francisco A. Abrante

Foto.- Francisco A. Abrante

A Canarias y a los canarios siempre nos han gustado las relaciones exteriores, con Europa, América y África  principalmente. De Europa vinieron los conquistadores, con el bagaje de la cultura española, francesa, portuguesa, flamenca, sin olvidar el impacto comercial de Escocia, Inglaterra e Irlanda. Con América siempre fueron tradicionales las relaciones con Cuba y Venezuela, y en menor medida con Argentina y Uruguay. África estaba al lado pero sólo las islas orientales y Gran Canaria se interesaron en abrir las ventanas al Magreb y conocer el continente, particularmente Marruecos, el Sahara y Mauritania. Desde la conquista, siglo XV, hasta la actualidad siempre hubo un marco de relaciones expo-import. Primero en el sector comercial, luego en el mundo del turismo y ahora en el de las inversiones por la irrupción del REF de Canarias.

Como funcionario de la administración del Estado y como político en una etapa de mi vida, he tenido la oportunidad de haber viajado por el mundo y de haber conocido personajes famosos del exterior. Al profesor Dausset, Premio Nobel de Medicina en mi etapa del Icona;  a presidentes de repúblicas como Venezuela: Rómulo Betancourt, Edgar Sanabria y  Jaime Lusinchi, siendo concejal en La Orotava; a Luis Herrera Campins y a Carlos Andrés Pérez, en Caracas, y finalmente a Hugo Chávez, en Bruselas, en mi época de eurodiputado. Siendo viceconsejero del gobierno de Canarias en materia de relaciones institucionales compartí mesa con Fidel Castro en la embajada de España en La Habana, en Cuba, y con Rafael Caldera, en Venezuela. También saludé en varias ocasiones a una mujer interesante, la poeta cubana Dulce María Loynaz, Premio Cervantes en 1992. Igualmente al ínclito Gregorio Fuentes, co-protagonista de El Viejo y el mar, de Hemingway, en la terraza del Cojimar habanero. Hablando de mujeres evoco la figura de Gabriela von Humboldt, quien se acercó hasta Tenerife cuando el bicentenario de su pariente alemán en 1999, para inaugurar el pingüinario de la Fundación Loro Parque, cuyo presidente sabe mucho y bien de las relaciones exteriores de Canarias en el mundo asiático, en Tailandia y China concretamente. Al igual que otros paisanos acerca de Rusia, por la figura de Agustín de Betancourt y la Fundación Pushkin.

Ya como diputado del Parlamento Europeo pude participar en las delegaciones de América del sur y centro, así como del Magreb. Ello me permitió conocer a dos presidentes de Colombia, a Samper y a Pastrana. También a presidentes de otras repúblicas latino americanas como Carpio, de Guatemala, Fernando Cardoso, de Brasil, a Carlos Menem de Argentina, con el que recuerdo una anécdota relacionada con el fútbol y en la que participó el actual ministro español de exteriores y cooperación, José Manuel García Margallo, a la sazón compañero en el PE; al presidente Toledo, del Perú, al presidente Fox de México. Del lado africano a los presidentes de Túnez y de Argelia, así como al presidente de la república democrática del Sahara, Mohamed Abdelaziz, y al jefe de gobierno de Marruecos, Yusufi. Con la mayoría de ellos hablaba de Canarias y a veces les invitaba para que conocieran nuestra realidad.

(II) RELACIONES CON EUROPA

Las islas Canarias nunca han estado solas en el mundo. Conforman un archipiélago de la Macaronesia junto a otras regiones, Madeira y Azores, también compañeras en la ultraperiferia de la Unión Europea (UE), y a Cabo Verde, vecinas del continente africano, unas más que otras. Asimismo son cabeza de puente con algunos países de la zona África, Caribe y Pacífico (ACP) y de clara vocación europea, africana y americana.

Desde 1975, después de la muerte del general Franco, la Comunidad de Canarias entró en un proceso político moderno y comenzó a relacionarse paulatinamente de manera oficial con el resto del mundo. Se aprobó la Constitución española en 1978 y aparece el artículo 149.1 3º, que señala para el Estado competencia exclusiva sobre las relaciones internacionales; también el artículo 93 y siguientes, que tratan de los tratados internacionales. De igual manera el artículo 150, que contempla las transferencias o delegaciones a las Comunidades Autónomas, mediante Ley orgánica, de facultades correspondientes a materias de titularidad estatal.

En agosto de 1982 se aprobó el Estatuto de Autonomía de Canarias (EAC) y más tarde, en 1985, Canarias se adhiere a las Comunidades Europeas, cuando el reino de España y la república de Portugal. En 1996 se reformó el EAC afectando a las relaciones exteriores de Canarias que, en mi opinión, conocieron una convulsión en esta materia. En el caso de los asuntos europeos se canalizaron a través de la conferencia sectorial Estado-Comunidad Autónoma, liderada por el ministerio de Administraciones Públicas.

De mi corta experiencia en el gobierno de Canarias como responsable de las relaciones institucionales de nuestra Comunidad Autónoma, entre 1993 y 1994, escribí un artículo de opinión acerca de “La Proyección Exterior de Canarias”. Era y es un asunto que me interesa mucho, así como a Victoriano Ríos, que fue presidente del Parlamento de Canarias y senador durante algunos años. Se empecinó políticamente con las aguas canarias y  su delimitación, consiguiendo al menos la aprobación en las Cortes Generales, de la Ley 44/ 2010, de 30 de diciembre, de aguas canarias, después de haber impulsado iniciativas parlamentarias desde 2003. En consecuencia, intentando clarificar las relaciones exteriores de Canarias por las cuestiones de las exploraciones, investigaciones y posibles explotaciones de hidrocarburos, así como por la seguridad, la pesca en el banco canario sahariano y la protección del medio ambiente. En definitiva, por el reconocimiento de lo que el profesor Fernando Betancort, recién doctorando administrativista, cataloga como Derecho Especial Canario, avalado por la historia de las islas y sobre todo por la geografía del conjunto del archipiélago. Es decir de la identidad de Canarias como Comunidad singular en el contexto español, comunitario e internacional.

Lo cierto es que la incorporación del reino de España  a la Unión Europea marcó un antes y un después en la historia de Canarias, y las relaciones exteriores no quedaron al margen de esta verdadera revolución política, económica, social y monetaria. Todo lo contrario, y por ello no puedo dejar de señalar la sentencia del Tribunal Constitucional español, de 1994, respecto a un recurso planteado por el gobierno del Estado acerca de la presencia de los gobiernos de las Comunidades Autónomas ante la UE, estableciendo una oficina de representación en Bruselas, capital comunitaria. Ello permitió entender y aceptar la legalidad de los gobiernos autónomos ante las instituciones comunitarias y no tener que acudir a los subterfugios de las empresas públicas.

Significativos fueron también  los casos derivados de actuaciones del gobierno de Canarias en Cuba y Venezuela en 1994, de las que fui testigo de excepción, cuando el ejecutivo presidido por Manuel Hermoso quiso formalizar convenios con los dos gobiernos republicanos del Caribe. Contamos con el informe favorable del embajador español en Cuba y la negativa del embajador español en Venezuela. Y eso que en La Habana el embajador era muy conservador mientras que en Caracas el diplomático español era socialista y canario. Se creó un grave conflicto interno siendo Felipe González el presidente del ejecutivo español. Mientras que la Comunidad Autónoma no comprometa al Estado puede formalizar acuerdos y convenios con los distintos gobiernos extranjeros, era la tesis del embajador conservador español. Así se hizo entre Canarias y Cuba, recuperando la Casa de Canarias y apoyando la construcción de hoteles por parte de empresarios canarios en la Perla de las Antillas.

En cualquier caso hay que reconocer que el asunto de las relaciones exteriores es una cuestión muy sugestiva y muy política. Hay que echar una mirada para atrás para encontrar en 1954 la última Ley de la Carrera Diplomática y en 1955 el Reglamento que la desarrolla y aún está vigente. Por ello no es de extrañar que haya que modificarla por varias razones, sobre todo porque es preconstitucional y procomunitaria, y los legisladores no se han dado cuenta de la existencia de un articulación territorial de la España post 78 y de una adhesión a las comunidades europeas post 85, que conlleva un cambio muy importante en materia de competencias. De ahí esas tensiones que dicen existir, no sólo con algunas Comunidades regidas por los nacionalistas sino también con la oposición al gobierno central.

Estas situaciones que se palpan en la realidad adquieren vigencia  en unos momentos en los que la clase dirigente prepara un proyecto gubernamental después de cincuenta años de caminar por el exterior, con normas fuera de tiempo y además ignorando y olvidando la sentencia nº 165/1994 del Tribunal Constitucional español que hemos comentado.  Se le dio la razón al gobierno vasco, que había aprobado mediante el Decreto 89 del año 1988, la estructura orgánica del departamento de Presidencia, Justicia y Desarrollo Autonómico, e intentó abrir una oficina en Bruselas. En el expediente se habló de competencias, de la Constitución y de los Estatutos de Autonomía, de proyección exterior, de relaciones internacionales, de derechos e intereses  comunitarios, de conflicto positivo de competencia promovido por el gobierno español. Hay una consideración jurídico constitucional del máximo interés: << La posibilidad de las Comunidades Autónomas de llevar a cabo una proyección exterior debe entenderse limitada a aquellas que siendo necesarias, o al menos convenientes, para el ejercicio de sus competencias, no originen obligaciones inmediatas y actuales frente a poderes públicos extranjeros, no incidan en el política exterior del Estado, y no generen responsabilidad de éste frente a estados extranjeros u organizaciones inter o supranacionales >>

(III) EL ESTATUTO DE AUTONOMÍA DE CANARIAS

Profundizando en el análisis del EAC nos encontramos con los artículos 37 y 38 que hacen referencia a las relaciones exteriores de Canarias, por cuanto el artículo 37 señala: (i) que la Comunidad Autónoma de Canarias puede elevar al gobierno español las propuestas que estime conveniente sobre la residencia y trabajo de los extranjeros en Canarias; (ii)  el gobierno de Canarias podrá participar en el seno de las delegaciones españolas ante órganos comunitarios europeos cuando se traten temas de específico interés para Canarias, de conformidad con lo que establezca la legislación del estado en la materia.

Por su parte el artículo 38 sirve de base jurídica para entender que Canarias: (38.1) será informada en el proceso de negociación y elaboración de los Tratados y Convenios internacionales, así como en las negociaciones de adhesión  a los mismos, así como en los proyectos de legislación aduanera, en cuanto afecten a ametrías de su específico interés. Recibida la información, el órgano de gobierno de la Comunidad Autónoma emitirá, en su caso, su parecer; (38.2) adoptará las medidas necesarias para ejecución de  los Tratados y Convenios Internacionales en lo que afecte a materias atribuidas a su competencia, según el Estatuto; (38.3) podrá solicitar del gobierno del estado la celebración de Tratados o Convenios Internacionales en materia de interés para Canarias y, en especial, los derivados de sus situación geográfica como región insular ultraperiférica, así como los que permitan estrechar lazos culturales con aquellos países o territorios donde existan comunidades canarias o de descendientes de canarios.

A partir de entonces comenzó a vislumbrarse una nueva gobernanza canaria, en ese nuevo escenario globalizado del siglo XXI en el que se detecta un nuevo orden internacional en ámbitos variados. Obviamente Canarias no puede quedar descolgada y por ello debe desarrollar su personalidad política, aprovechar sus potencialidades y sus capacidades geoestratégicas, así como sus competencias diferenciadas para no quedar aislada. África está al lado, Europa está cerca y América nos mira expectante. Es cuestión de estrategia y de relaciones exteriores.

En los últimos años se está debatiendo en algunos foros de Canarias la importancia de la globalización y de la sociedad de la información y el conocimiento, de la formación y del empleo, de la investigación y  el desarrollo, de la dependencia del exterior,  al igual que la conveniencia de tener claro hacia dónde vamos y cómo vamos. Por eso surge la pregunta política: ¿Quo vadis Canarias?  ¿Solos o de la mano del Estado? .

Como bien me dijo un destacado diplomático español en Madrid, buen conocedor de las reglas de juego de las relaciones exteriores, en la reunión que mantuvimos en el palacio de Santa Cruz para informar al ministerio de Asuntos Exteriores de los incidentes en Venezuela, en la primavera de 1994, cuando el gobierno de Canarias quiso formalizar un acuerdo de colaboración con el gobierno de Rafael Caldera: “El Estado español debería aclarar la laguna jurídica que tiene planteada  con el artículo 149.1.3º de la Constitución.” ¡Ya es hora !

Quizás de esa manera se acaben las tensiones entre el Estado y algunas Comunidades Autónomas en materia de relaciones exteriores, con independencia de la necesidad de buscar la coordinación inter- administrativa y la racionalización en el gasto, tal como apuntó no hace mucho el polifacético periodista  Andrés Ortega, al tratar de <>. De seguro que José Manuel García Margallo, actual ministro de exteriores, saldría del atolladero en el que está inmerso por culpa de su proyecto diplomático de España en el exterior.

El anteproyecto de la Ley, que se llamará de Acción Exterior, me da la impresión que va a tener sus problemas con las Comunidades Autónomas. Pese a diversificar y distinguir la Política Exterior del gobierno central de la Acción Exterior de las comunidades autónomas, no debe perder la perspectiva de las Competencias constitucionales que se le reconocen a las Comunidades. Si además no comprometen al Estado no tendrán que estar sujetas a las directrices gubernamentales.

Isidoro Sánchez García