Hydro – Orotava » VIAJANDO POR EL MUNDO

VIAJANDO POR EL MUNDO

Siempre me ha gustado viajar. Lo reconozco públicamente. Desde que era un chico y estudiaba en el Colegio San Isidro, en la Villa de La Orotava, con los salesianos y don Pacífico Medina de director, hasta la fecha. Primero fui a Gran Canaria con el curso de mi tío Eduardo, luego a La Palma y más tarde a la península. Siempre en barco. Era la década de los años de 1950. En verdad que con 17 años ya había conocido algunos territorios. Me gustaba viajar en barco como mi padre, que llegó a ser, cuando joven, piloto de la marina mercante, en la Transmediterránea, y hacía la ruta de Guinea Ecuatorial al norte de España pasando por Canarias a finales de los años de 1930. Volví a la península en 1959 para estudiar en Madrid seis años, y viajé en barco de Tenerife a Cádiz y luego en tren hasta la capital madrileña. Un año más tarde regresé en avión desde que me di cuenta de lo duro que era estar un año en Madrid sin volver a La Orotava. El “contrabando estudiantil” de entonces – cigarrillos, relojes y transistores- me permitía volar de vez en cuando, de Madrid a Tenerife.

 

Era una época difícil para viajar  por diversas razones pero con la Escuela de Montes pude conocer Extremadura, -Jaraíz de la Vera y el monasterio de Guadalupe-,  y Galicia, -el palacio de Lourizán-,  gracias a las prácticas forestales que nos organizaba el profesor Don Luis Ceballos. Por el fútbol universitario conocí Zaragoza, donde decidíamos el campeonato de España cada año los equipos de Madrid y Barcelona. También en mi época de estudiante viajé por la península con Juan del Castillo para llevarle el coche a Madrid y volé a Inglaterra y a Suecia. En Brighton asistí a un concierto de los Beatles el 14 de julio de 1964, y en el país nórdico disfruté, gracias a la beca de la IAESTE y a  la empresa sueca Mo Dömsö, de los pinos silvestres y abedules, de los arenques  y de los salmones; obviamente de las noches de verano y de la caza de los alces. Aprendí de verdad lo que era el “Síndrome de Estocolmo.” De regreso a Tenerife me alojé, de viernes a martes, en varios trenes europeos, desde el norte de Suecia hasta Madrid pasando por Estocolmo, Copenhagen, París e Irún. Conocí entonces a un abigarrado colectivo de emigrantes españoles.

 

        Por razones de mi afición futbolística volé a Rusia en mayo de 1971 y de mi etapa profesional en la administración estatal recuerdo viajar al Cono Sur,  en 1972, para participar en un Congreso Forestal Mundial en Buenos Aires donde el pueblo argentino esperaba el regreso de Perón. Fue cuando crucé por vez primera el charco y la raya geográfica del ecuador terrenal. Años más tarde, en 1974, volví a las Américas  para conocer Venezuela y luego, en 1976,  Canadá, Estados Unidos y México, con ocasión del Seminario de Parques Nacionales de la Universidad de Michigan; años después, en 1981, volé al archipiélago de Hawaii además de conocer Seattle y Denver en los EE.UU. En Canarias compartía mis viajes a las islas de La Gomera y de El Hierro en mi etapa de ingeniero del Patrimonio Forestal del Estado (PFE), entre 1966 y 1972, y del Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ICONA), entre 1972 y 1987. Participé en varios congresos, forestales y de parques nacionales, en Balí (Indonesia), años de 1978 y 1982, pasando algunos días en India, Singapur, Tailandia y Japón. Las continuadas expediciones a Venezuela a partir de 1982 fueron derivadas de la visita que hiciera Rómulo Betancourt a la Villa natal de su padre, La Orotava, con especial referencia al viaje  familiar de 1992, tras las huellas de Humboldt en el Orinoco aprovechando las bodas de plata que nos llevaron también a la Colombia amazónica. A nivel personal salté  a partir de 1985,  a Portugal, Cuba, Costa Rica y México,  con la familia y los amigos.

            Estando dedicado al mundo de la política europea en Bruselas (Bélgica) y Estrasburgo (Francia), viajé por diferentes países europeos, Reino Unido, Italia, Grecia, Polonia, Suecia, Finlandia, Holanda, Alemania y Suiza y pude participar en diferentes delegaciones del Parlamento Europeo lo que me permitió conocer países del norte de África (Argelia y Túnez), del Magreb (Marruecos y Sahara) y de América Latina (Guyana, Brasil, Argentina y Chile),  así como la isla Reunión además del elenco de lugares visitadas por razones familiares, profesionales y culturales, como las islas de Madeira, Pascua y Cabo Verde. Al igual que ciudades  como Praga, Budapest, Agadir, Rabat, Marrakech y Miami.

            Siendo concejal de turismo del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz  tuve la oportunidad de viajar a las ferias de Turismo más importantes del mundo entre 1995 y 1999. A la FITUR en Madrid, a la WTM en Londres y a la ITB en Berlín. Actividades culturales ligadas a Agustín de Betancourt y Dulce María Loynaz me llevaron en volandas a Rusia y Cuba; sin embargo gracias a Humboldt compartí Alemania y América Latina. Ya jubilado viajo con frecuencia a Castilla León, Extremadura y Portugal para celebrar simposios agro-forestales con amigos y colegas. Mi participación en la Sociedad para la Promoción Cultural de Canarias en Europa me sirvió para viajar a Berlín, a san Petersburgo, Moscú, Casablanca y Praia en Cabo Verde. Luego mi interés por las huellas de Humboldt me llevaron recientemente también a  Perú, y luego a Ecuador, con el amigo hispano peruano Manuel Méndez. Pude conocer Lima y Nasca, Cusco y Machu Picchu, así como la avenida volcánica de los Andes y comparar el Teide con el Chimborazo en Ecuador. Compromisos empresariales industriales relacionados con el agua, la energía y la ganadería me han llevado en las últimas décadas a Marruecos, Cuba y Lituania.

            Unas veces hago los viajes  como turista y otras como viajero. Es muy distinto. Honradamente casi siempre como un viajero que quiere cultivar el espíritu y conocer la naturaleza. En Europa y en las Américas, sobre todo en Rusia, Alemania y Cuba por diferentes razones. Por Agustín de Betancourt, Alejandro de Humboldt y Dulce María Loynaz, principalmente. Casi siempre iba solo pero nunca me faltó compañía, como familiares y amigos profesionales. En 2004 se nos ocurrió conformar el grupo CPC, un cubano, un peruano y un canario. No fue una casualidad que La Orotava se convirtiera  en el eje de muchos viajes a las regiones equinocciales del Nuevo Continente. Uno de ellos fue calificado por el caribeño cubano, Juan Carlos Sánchez, como El Arte de Viajar, de la Villa de La Orotava a san Cristóbal de La Habana. Nos permitió evocar conceptos como los de viajar y definirlo como conocer y dar a a conocer, descubrir, describir, intercambiar y existir. También a personajes viajeros como Alejandro de Humboldt, Alejo Carpentier y Dulce María Loynaz, casi siempre relacionados con el volcán Teide.  Además de los valores patrimoniales de las islas de La Gomera y El Hierro abordamos un tremendo libro sobre los cuatro Parques Nacionales de Canarias que sirvió de base para promover el Turismo en el archipiélago de las Afortunadas.

                        Reconozco que a la hora de contar mis crónicas acerca de la geografía de los viajes siempre he sentido nostalgia del pasado. De mi infancia, de mi juventud y de mi madurez pero no por ello quiero dejar de ser futurista, aunque recientemente unos amigos canarios me criticaron que escribía muchas crónicas acerca del pasado. Mientras que otros, mayormente amigas foráneas, me piden que siga en la misma línea narrativa. No obstante, en mi caso, el pasado no es un lastre sino un impulso para construir un mundo mejor.        Por ello en este año de 2018 les contaré mis viajes al futuro para dar a conocer los proyectos, que deben ser esperanzadores, para afrontar mis retos globales geográficos, tanto materiales como espirituales. De manera especial cuidando paradójicamente el Planeta Agua. Primero a la isla de Madeira, en septiembre 2018, y luego a Ecuador, en septiembre de 2019, para celebrar los 250 años del natalicio de Alejandro de Humboldt, sin olvidar Berlín para el mismo año. Es que en tierras de Quito y Riobamba encontramos receptividad geográfica y volcánica entre pueblos de dos continentes, de África y de América del Sur, así como humana y cultural entre Canarias y Berlín.

            Una vez terminado el relato me pongo a valorar los lugares que he visitado a lo largo de mi corta vida. Mentalmente repaso los espacios geográficos visitados y concluyo valorando: De Venezuela, el parque nacional de Canaima y el Salto Ángel; de Cuba, La Habana Vieja y la naturaleza de Pinar del Río; de México, la Ruta Colonial; de Costa Rica, los volcanes y los parques nacionales; de los EE.UU., el Gran Cañón del Colorado, la ciudad de san Francisco y el volcán Kilauea en Hawaii; de Canadá, el binomio bosque-agua; de Chile, los moais de la isla de Pascua; de Argentina, la Patagonia y los Andes;de Brasil y Paraguay, Iguazú; del Perú, Macchu Picchu y los páramos andinos; de Ecuador, el Chimborazo y las vicuñas; de Europa, Praga, Budapest, Maastrich, Lisboa, el Sena, Estrasburgo, Berlín y Estocolmo; de España, Madrid, Salamanca, Córdoba, Sevilla, Santiago de Compostela y los cuatro parques nacionales de Canarias, Teide, Taburiente, Timanfaya y Garajonay,  además de Ordesa en los Pirineos y Doñana en Andalucía.

            He de reconocer que para relatar mis viajes por el mundo me he inspirado en un libro que escribió el mexicano Carlos Fuentes sobre La Geografía de la Novela. Me sirvió para continuar mi entusiasmo y afición por la literatura de viajes sobre todo después de conocerle personalmente, hace algunos lustros,  en una reunión gastronómica, en el sur de la isla de Tenerife, donde no faltaron los tequilas y las rancheras que cantaron canarios como Paca Jordán, Juan Cruz, Martín Rivero y yo, un peninsular como Jesús Polanco y mexicanos como la cónsul, Angela Baca, Carlos Fuentes y señora.

            Es que lo tengo claro: ¡Viajar también es compartir!        Recientemente unos amigos de la FUNDORO me animaron a escribir mis crónicas de viajes y mis vivencias profesionales y políticas. Me lo estoy pensando para cuando termine de celebrar las efemérides de Agustín de Betancourt y de Alejandro de Humboldt.

Isidoro Sánchez García, ingeniero de montes. Puerto de la Cruz. 2018